Escuela Dominical
Lección 32 Escuela Dominical
““Obedecieron… Con Exactitud Toda Orden”
en esta lección se analizarán los principios y las características que permitieron que los 2.060 guerreros ammonitas recibieran tanta fortaleza del Señor. A medida que vivamos de acuerdo con esos principios y desarrollemos esas características, aumentará nuestra fuerza espiritual; seremos más eficaces como siervos en “las huestes reales del Señor”.
El Richard J. Maynes en la Conferencia de Octubre 2004 Desde la antigüedad hasta los tiempos modernos, los verdaderos discípulos de Jesucristo han comprendido la importancia de hacer convenios con el Señor y de observarlos. Cerca del año 64 a. de J.C., la nación nefita vivía momentos extremadamente peligrosos. Debido a la iniquidad, las disensiones y las intrigas, ellos se encontraban en las más críticas circunstancias (véase Alma 53:9). El gobierno se encontraba al borde del colapso. La guerra contra la nación lamanita había durado ya numerosos años. Los disidentes nefitas partían para unirse al enemigo. Muchas ciudades nefitas habían sido atacadas y capturadas. En medio de esa situación peligrosa y caótica, se buscaban hombres justos para dirigir a los ejércitos nefitas, hombres como Moroni y Helamán. Dichos líderes nefitas comprendían que la capacidad de su nación para defenderse estaba en proporción directa con su obediencia al Señor. Ellos se esforzaban continuamente por motivar al pueblo a recordar al Señor y a guardar Sus mandamientos.
En ese momento tan crítico, tras la pérdida de muchas ciudades nefitas y con el aparente cambio en que la balanza del dominio parecía inclinarse en favor de los lamanitas, ocurrió algo milagroso. Un grupo de antiguos lamanitas, ahora conocidos como ammonitas porque se había convertido al Evangelio de Jesucristo mediante el ministerio de Ammón, mostraron su deseo de tomar las armas en defensa de la nueva tierra, del país y del modo de vida que habían recibido (véase Alma 53:13). Los padres de los ammonitas previamente habían hecho juramento con el Señor de no volver nunca a tomar las armas. Helamán, el profeta nefita, les aconsejó que guardaran la promesa que le habían hecho al Señor (véase Alma 53:15). Él nos relata lo que ocurrió después de dar ese consejo. “Mas he aquí, aconteció que tenían muchos hijos que no habían concertado ningún convenio de que no tomarían sus armas de guerra para defenderse contra sus enemigos; por tanto, cuantos podían portar armas se reunieron en esa ocasión, y se hicieron llamar nefitas.
“E hicieron un convenio de luchar por la libertad de los nefitas, sí, de proteger la tierra hasta con su vida; sí, hicieron convenio de que jamás renunciarían a su libertad… “Y he aquí, hubo dos mil de estos jóvenes que concertaron este convenio y tomaron sus armas de guerra para defender su patria… “Y todos ellos eran jóvenes, y sumamente valientes en cuanto a intrepidez, y también en cuanto a vigor y actividad; mas he aquí, esto no era todo; eran hombres que en todo momento se mantenían fieles a cualquier cosa que les fuera confiada. “Sí, eran hombres verídicos y serios, pues se les había enseñado a guardar los mandamientos de Dios y a andar rectamente ante él. “Y aconteció que Helamán marchó al frente de sus dos mil soldados jóvenes para ayudar al pueblo” (Alma 53:16–18, 20–22).
Helamán y sus dos mil jóvenes soldados lucharon valientemente para proteger a sus familias así como a su libertad. Su entrada en el campo de batalla cambió el curso de la guerra. Los nefitas lograron ventaja una vez más. En una epístola a Moroni, Helamán describe la fe y el valor que esos jóvenes exhibieron:
“Y te digo, mi amado hermano Moroni, que jamás había visto yo tan grande valor, no, ni aun entre todos los nefitas… “Hasta entonces nunca habían combatido; no obstante, no temían la muerte, y estimaban más la libertad de sus padres que sus propias vidas; sí, sus madres les habían enseñado que si no dudaban, Dios los libraría” (Alma 56:45, 47).
Hermanos y hermanas, ellos “no dudaron y Dios ciertamente los libró”. En su primera gran batalla, no perdió la vida ni uno solo de los dos mil. Después de la batalla, se unieron al pequeño ejército sesenta jóvenes ammonitas más. Helamán nos dice: “Sí, y obedecieron y procuraron cumplir con exactitud toda orden; sí, y les fue hecho según su fe” (Alma 57:21). La segunda batalla a la que se enfrentó ese pequeño ejército fue más intensa que la primera. Helamán escribe luego que ésta terminó: “Y aconteció que doscientos, de mis dos mil sesenta, se habían desmayado por la pérdida de sangre. Sin embargo, mediante la bondad de Dios… ni uno solo de ellos había perecido… “Y su preservación fue asombrosa para todo nuestro ejército… Y lo atribuimos con justicia al milagroso poder de Dios, por motivo de su extraordinaria
fe” (Alma 57:25–26). Helamán y sus soldados jóvenes comprendían la importancia de concertar convenios con el Señor; además, recibieron las bendiciones que se dan a quienes los observan fielmente.
Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, también hemos tomado sobre
nosotros obligaciones sagradas. Lo hemos hecho en las aguas del bautismo y en los templos del Señor. A estas obligaciones las denominamos convenios. Los convenios son promesas que hacemos al Señor. Son de carácter extremadamente sagrado. Lo más importante en esta vida es guardar las promesas, o los convenios, que hemos hecho con el Señor. Si observamos las promesas que hacemos al Señor, Él nos permitirá progresar espiritualmente. Durante los últimos dos años, a mi esposa y a mí se nos ha asignado prestar servicio en las Filipinas. Hemos visto muchos ejemplos de familias y personas filipinas que comprenden y guardan los convenios que han hecho con el Señor. Permítanme compartir con ustedes una experiencia que hemos tenido con una de esas familias. Hace unos meses, se me asignó presidir la conferencia de la Estaca Talisay, Filipinas. Durante la sesión general del domingo, comencé mi discurso agradeciendo a la congregación su reverencia. Mientras hablaba, miré a la izquierda y vi a una numerosa familia sentada en la segunda fila de la capilla. Sentí que debía señalarles y utilizarles como ejemplo de una familia que entiende y vive el principio de la reverencia. Los padres estaban allí sentados, rodeados de muchos, muchos niños reverentes. Tras concluir la reunión, tuvimos la maravillosa oportunidad de conocer a la familia Abasanta. Cuanto más aprendía sobre ellos, más me impresionaba el hecho de que entendían verdaderamente lo que significa guardar los convenios y vivir el Evangelio de Jesucristo. El hermano Lani Abasanta y su esposa Irenea se unieron a la Iglesia hace 22 años. Juntos han tenido 17 hijos. Entre ellos hay trillizos. Todos sabemos que criar una familia no es tarea fácil en ningún lugar del mundo, y las Filipinas no son una excepción. La familia Abasanta es un ejemplo viviente de que es posible hacerlo, y hacerlo de la manera correcta. El éxito que han logrado educando a sus hijos en la Iglesia se pone de manifiesto de muchas maneras. La imagen de una familia de 19 personas sentadas con reverencia durante las reuniones e sólo un ejemplo. Otro ejemplo se ilustra por medio del gran esfuerzo que hacen todos juntos para satisfacer sus necesidades económicas cotidianas. El hermano Abasanta es electricista. La hermana Abasanta, con la ayuda de sus hijas, elabora y vende artículos de joyería desde su casa. Trabajando juntos,
consiguen proveer lo necesario para mantener la familia. Pero, aún más importante que su ejemplo, en lo que se refiere a las necesidades financieras de una gran familia, es su manera de enseñar a sus hijos a vivir el Evangelio de Jesucristo. Las noches de hogar son una parte esencial de la enseñanza en la familia. En referencia a sus noches de hogar, el hermano Abasanta explicó: “Comenzamos hablando de cualquier problema que tengamos en la familia y de la manera de estar más unidos; después damos un pensamiento espiritual o una lección, y por último, jugamos a algo”. En una noche de hogar reciente, el hermano Abasanta utilizó la revista Liahona para enseñar a sus hijos a pasar menos tiempo viendo la televisión y utilizar ese tiempo en una actividad más productiva, como hacer la tarea o leer las Escrituras. A través de los años, en la noche de hogar se les ha enseñado a los niños a poner en práctica la reverencia. Debido a que han aprendido la reverencia en el hogar, es más fácil para ellos demostrar reverencia en la Iglesia los domingos. Otro ejemplo de su manera de vivir el Evangelio y guardar sus convenios es la importancia que dan al enseñar a sus hijos la seriedad de pagar un diezmo honrado e íntegro. El hermano Abasanta explicó: “Enseñamos a nuestros hijos que la comida que tenemos es el resultado directo de pagar el diezmo. Cuando ellos obtienen un trabajo, nos aseguramos de recordarles que deben pagar el diezmo. Es difícil mantener tantos hijos, pero al pagar mi diezmo fiel y honradamente, no se hace tan arduo; simplemente confiamos cien por ciento en el Señor, y en que, si pagamos un diezmo honrado, podremos comer todos los días”.
Recordarán que antes dije que el hermano Abasanta y su esposa tienen 17 hijos. Ahora les hablaré de los trillizos. Son varones los tres. Tienen 19 años. Se llaman Ammón, Omni y Omner. Ustedes ya lo han adivinado. Los tres están sirviendo al Señor como misioneros de tiempo completo, fieles y trabajadores. Ammón presta servicio en la Misión Baguio, Filipinas; Omni, en la Misión Davao, Filipinas; y Omner, en la Misión Manila, Filipinas. No es que quiera darles la impresión de que la familia Abasanta es perfecta. Ninguno de nosotros lo es. Sin embargo, en su sincero esfuerzo por vivir los mandamientos y guardar sus convenios, esta familia disfruta de la bendición del Señor en su vida. Hermanos y hermanas, todos anhelamos el día en que regresaremos a nuestro hogar con nuestro Padre Celestial. Para poder obtener la exaltación en el Reino Celestial, debemos obtener la confianza del Señor aquí en la tierra. Obtenemos la confianza del Señor cuando nos la ganamos, y eso se logra mediante la forma en quevivimos Su Evangelio y guardamos nuestros convenios. En otras palabras, nos ganamos la confianza del Señor haciendo Su voluntad. Recuerden cuando el Señor advirtió a José Smith en cuanto a los que: “…con sus labios me honran, pero su corazón lejos está de mí” (José Smith—Historia 1:19). Recuerden la admonición de Santiago: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores” (Santiago 1:22). Los hechos hablan más fuerte que las palabras. En realidad, los hechos significan mucho más para el Señor que las palabras. El Señor declaró en Doctrina y Convenios: “Si me amas, me servirás y guardarás todos mis mandamientos” (D. y C. 42:29).
Helamán y sus soldados jóvenes son un antiguo ejemplo de las bendiciones que reciben los que guardan fielmente sus promesas al Señor. La familia Abasanta es un ejemplo moderno de una familia que se esfuerza al máximo por guardar sus convenios y vivir los principios del Evangelio de Jesucristo. Todos los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hemos hecho promesas al Señor. Hemos prometido tomar sobre nosotros el nombre de Jesucristo, recordarle siempre y guardar Sus mandamientos (véase D. y C. 20:77). Los miembros fieles de la Iglesia guardan esas promesas. Es mi oración hoy que todos podamos redoblar nuestros esfuerzos para hacer todo lo que esté dentro de nuestras posibilidades para ganarnos la confianza del Señor al hacer Su voluntad, vivir Su Evangelio y guardar nuestros convenios, en el nombre de Jesucristo. Amén. ■
Lección 31 Escuela Dominical
“Firmes en la Fe de Cristo”
En esta lección se analizará lo que las batallas entre los nefitas y sus enemigos nos pueden enseñar acerca de cómo enfrentar los conflictos terrenales y cómo defendernos a nosotros mismos y a nuestra familia en la batalla contra Satanás.
El ÉLDER ROBERT C. OAKS en la conferencia de abril 2005 de la presidencia de los setenta. se dirigio a nosotros diciendo: me gustaría centrar mis comentarios en el entusiasta llamado a servir de un himno favorito: “¿Quién sigue al Señor? Toma tu decisión” (Himnos, Nº 170). En ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, al prepararnos para las satánicas batallas finales, en previsión del regreso de Cristo a la tierra, es muy importante saber quién sigue al Señor. El Señor necesita saber en quién puede confiar.
Cuando se forman los ejércitos, por lo general las batallas se pelean en vastos campos de batalla, pero esta batalla por las almas es totalmente diferente. El conflicto sigue cada día en la vida de toda persona y coloca a las tropas del Señor contra las fuerzas de la codicia, del egoísmo y de la lujuria de Satanás. Los musculosos 2.060 jóvenes guerreros de Helamán, hombro a hombro, dan a entender la necesidad de una gran fuerza física para alistarse en sus filas. Pero hay lugar para toda alma tenaz en este empeño. Tenemos un nieto, Andrew, de 11 años, que está confinado a una silla de ruedas, quizá para el resto de su vida. Él será ordenado diácono en el otoño y se unirá al ejército del sacerdocio del Señor. Su impedimento físico no será un factor limitante en esta guerra porque las armas seleccionadas no son las lanzas, ni las espadas empuñadas en un caótico campo de batalla. Por el contrario, las armas de valor eterno que reflejan toda la armadura de Dios son la
verdad, la rectitud, la fe, la oración y la palabra de Dios (véase Efesios 6:13–18). Estas armas se empuñan en nuestra mente, en nuestros labios y en nuestras acciones. Cada pensamiento, cada palabra y cada acción, buenos y rectos, son una victoria a favor del Señor. Es por eso que Andrew no tiene una limitación en esta batalla. Sus padres le han enseñado bien y él está listo para unirse a las filas de los hermanos del sacerdocio.
El permanecer firmes del lado del Señor es especialmente valioso en la actualidad. Nuestro profeta a menudo recalca que éstos son los últimos días. Sabemos, por las señales de los tiempos, que el fin se acerca y Satanás lo sabe también. Parece que él y sus fuerzas nunca duermen. En una reunión mundial de capacitación de líderes, el presidente Hinckley, al observar las condiciones inmorales del mundo, declaró: “No sé si las cosas eran peores en los tiempos de Sodoma y Gomorra”. Siguió diciendo: “Ellas y sus inicuos habitantes fueron aniquilados. Vemos condiciones similares hoy en día, que reinan por todo el mundo. Pienso que nuestro Padre debe llorar al contemplar a Sus hijos e hijas descarriados” (“El permanecer firmes e inquebrantables”, Reunión Mundial de Capacitación de Líderes, 10 de enero de 2004, págs. 21–22). No sé qué más nos tiene que decir nuestro profeta para que nos consideremos advertidos.
Nuestro himno: “¿Quién sigue al Señor?”, nos enseña: “Toma tu decisión”. Ahora es el momento para permanecer firmes en nuestra fe y en nuestros principios, como lo hizo el capitán Moroni. Ahora es el momento de demostrar nuestro agradecimiento por el sacrificio expiatorio de nuestro Señor Jesucristo. Ahora es el tiempo de demostrar nuestra fe mediante nuestra obediencia a los mandamientos básicos, tales como las leyes de la castidad y de los diezmos, la Palabra de Sabiduría y el guardar el día de reposo. Ahora es el tiempo de amonestar a nuestro prójimo compartiendo el mensaje del Evangelio con ellos. Ahora es el momento de brindar al mundo un ejemplo de decencia y de modestia, de virtud y de pureza.Nunca debemos desperdiciar nuestro poder del sacerdocio revolcándonos en la corruptora y destructiva suciedad y fango de la pornografía. Ahora es el momento para repasar los convenios que hemos hecho con el Señor en las aguas del bautismo, los convenios que hicimos cuando aceptamos el juramento y convenio del sacerdocio, y los convenios que hemos hecho en Sus santos templos. Ahora, en verdad, es el momento de demostrar que estamos del lado del Señor. Hermanos, ésta es Su obra. El Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su plenitud en estos últimos días mediante el profeta José Smith. Cristo permanece a la cabeza de esta Iglesia, guiándola hacia adelante por conducto de Su profeta viviente, Gordon B. Hinckley. Cristo regresará a la tierra para gobernar y reinar, y cada uno de nosotros, un día, compareceremos ante Él para ser juzgados por nuestros pensamientos, nuestras acciones y los deseos de nuestro corazón. Él es nuestro Salvador y nuestro Redentor, y así lo testifico en Su santo nombre. Amén. ■
Lección 30 Escuela Dominical
“El gran plan de Felicidad”
los capítulos 40–42 del libro de Alma continúa el consejo que Alma dio a su hijo desobediente, Coriantón. Alma vio que la causa de la mala conducta de Coriantón en parte se debía a la falta de un testimonio y a no comprender bien algunas de las doctrinas básicas del Evangelio. Alma ayudó a Coriantón a comprender lo que nos sucede después de la muerte.
El PRESIDENTE BOYD K . PACKER Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles en la conferencia de abril 2006 Continua la lección del domingo pasado: A Coriantón le preocupaba “la resurrección de los muertos” (Alma 40:1). Alma le había preguntado a Dios sobre la Resurrección y le habló a Coriantón de la Primera Resurrección así como de otras resurrecciones. “Se ha señalado una época en que todos se levantarán de los muertos” (Alma 40:4). Él había preguntado: “¿Qué sucede con las almas de los hombres desde este tiempo de la muerte hasta el momento señalado para la resurrección?” (Alma 40:7). Entonces le dijo a Coriantón: “Todos los hombres, sean buenos o malos, son llevados de regreso a ese Dios que les dio la vida” (Alma 40:11). Los “justos serán recibidos en un estado de felicidad” (Alma 40:12) y los inicuos serán “llevados cautivos por la voluntad del diablo” (Alma 40:13). Los justos permanecen “en el paraíso, hasta el tiempo de su resurrección” (Alma 40:14). “No podréis decir, cuando os halléis ante esa terrible crisis: Me arrepentiré, me volveré a mi Dios. No, no podréis decir esto; porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno” (Alma 34:34). Alma le dijo a su hijo “que hay un intervalo entre la muerte y la resurrección del cuerpo, y un estado del alma en felicidad o en miseria, hasta el tiempo que Dios ha señalado para que se levanten los muertos, y sean reunidos el alma y el cuerpo, y llevados a comparecer ante Dios, y ser juzgados según sus obras” (Alma 40:21). “El alma” —es decir, el espíritu— “será restaurada al cuerpo, y el cuerpo al alma” (Alma 40:23). “Ésta”, agregó, “es la restauración que se ha anunciado por boca de los profetas” (Alma 40:24). Alma dijo que “algunos han tergiversado las Escrituras y se han desviado lejos a causa de esto” (Alma 41:1).
Entonces Alma dijo: “Y ahora bien, hijo mío, percibo que hay algo más que inquieta tu mente, algo que no puedes comprender, y es concerniente a la justicia de Dios en el castigo del pecador; porque tratas de suponer que es una injusticia que el pecador sea consignado a un estado de miseria. “He aquí, hijo mío, te explicaré esto” (Alma 42:1–2). Le habló a Coriantón sobre el jardín de Edén y la caída de Adán y Eva: “Y ahora bien, ves por esto que nuestros primeros padres fueron separados de la presencia del Señor, tanto temporal como espiritualmente; y así vemos que llegaron a ser personas libres de seguir su propia voluntad” (Alma 42:7). “Le fue señalado al hombre que muriera” (Alma 42:6). Entonces explicó por qué la muerte es absolutamente necesaria: “De no ser por el plan de redención (dejándolo a un lado), sus almas serían miserables en cuanto ellos murieran, por estar separados de la presencia del Señor” (Alma 42:11).
Alma le enseñó a Coriantón sobre la justicia y la misericordia: “Según la justicia, el plan de redención no podía realizarse sino de acuerdo con las condiciones del arrepentimiento del hombre” (Alma 42:13). Explicó que “no se podría realizar el plan de la misericordia salvo que se efectuase una expiación; por tanto, Dios mismo expía los pecados del mundo, para realizar el plan de la misericordia, para apaciguar las demandas de la justicia, para que Dios sea un Dios perfecto, justo y misericordioso también” (Alma 42:15). Le enseñó a Coriantón sobre la norma inquebrantable de la ley eterna (véase Alma 42:17–25). Le explicó claramente por qué el castigo era necesario: “Mas el arrepentimiento no podía llegar a los hombres a menos que se fijara un castigo, igualmente eterno como la vida del alma, opuesto al plan de la felicidad, tan eterno también como la vida del alma” (Alma 42:16).
Se trazan diagramas como éste para enseñar el plan de salvación; no obstante, si esto es lo único que hacemos para explicar el plan, no mencionamos a Jesucristo, quien tiene el papel central, y tampoco mencionamos las doctrinas esenciales, tales como la Caída, la Expiación y el albedrío.
El élder Neal A. Maxwell:
“El Señor ha descrito Su plan de redención como el plan de felicidad… En nuestras conversaciones, a veces nos referimos a ese gran plan de manera demasiado informal; incluso trazamos en la pizarra o en papel un tosco bosquejo como si fuera un plano para agregar cuartos a nuestra casa. No obstante, cuando realmente nos tomamos el tiempo para meditar en el Plan, ¡es impresionante e imponente!” (“Thanks Be to God”, Ensign, julio de 1982, pág. 51).
Lección 29 Escuela Dominical
“Da oído a mis palabras”
Alma enseñó a Coriantón la forma de arrepentirse y volverse a lafidelidad, y dio consejos a Helamán y a Shiblón sobre la manera de permanecer fieles. Poner en práctica el consejo de Alma para los que sean padres a seguir el ejemplo de Alma al enseñar y aconsejar a sus hijos y para los hijos de Alma para seguir esos consejos de sus padres y lideres.
El PRESIDENTE BOYD K . PACKER Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles en la conferencia de abril 2006 nos habla de los consejos de Alma a sus hijos: Mi mensaje trata de un padre y de un hijo. Alma, el padre, era un profeta; su hijo,Coriantón, un misionero. Dos de los hijos de Alma —Shiblóny Coriantón, que era el menor— se encontraban en una misión a los zoramitas. Alma estaba muy decepcionado porque su hijo Coriantón no vivió de acuerdo con las normas de un misionero. Coriantón abandonó su ministerio y se fue a la tierra de Sirón tras la ramera Isabel (véase Alma 39:3). “Pero no era excusa para ti, hijo mío. Tú debiste haber atendido al ministerio que se te confió” (Alma 39:4). Alma le dijo a su hijo que el diablo le había desviado (véase Alma 39:11). La falta de castidad es más abominable “que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar al Espíritu Santo” (Alma 39:5). “Y ahora bien, hijo mío, quisiera Dios que no hubieses sido culpable de tan gran delito”. Y agregó: “No persistiría en hablar de tus delitos, para atormentar tu alma, si no fuera para tu bien. “Mas he aquí, tú no puedes ocultar tus delitos de Dios” (Alma 39:7–8). Mandó severamente a su hijo que aceptara el consejo de sus hermanos mayores (véase Alma 30:10). Alma le dijo que su iniquidad era grande porque había alejado a los investigadores. “Al observar ellos tu conducta, no quisieron creer en mis palabras. “Y ahora el Espíritu del Señor me dice: Manda a tus hijos que hagan lo bueno, no sea que desvíen el corazón de muchos hasta la destrucción. Por tanto, hijo mío, te mando, en el temor de Dios, que te abstengas de tus iniquidades” (Alma 39:11–12). Tras esta severa reprimenda, Alma, el padre amoroso, se convirtió en Alma, el maestro. Él sabía que “La predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo, sí, había surtido un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa” (Alma 31:5). De este modo le enseñó Alma a Coriantón. Primero le habló de Cristo: “… hijo mío, quisiera decirte algo concerniente a la venida de Cristo. He aquí, te digo que él es el que ciertamente vendrá a quitar los pecados del mundo; sí, él viene para declarar a su pueblo las gratas nuevas de la salvación” (Alma 39:15). Coriantón le preguntó por qué debían saber de la venida de Cristo con tanta antelación. Alma le contestó: “¿No es un alma tan preciosa para Dios ahora, como lo será en el tiempo de su venida?” (Alma 39:17).
Alma conocía por experiencia personal el dolor del castigo y el gozo del arrepentimiento, pues él mismo había decepcionado grandemente a su propio padre, el abuelo de Coriantón. Se rebeló y trató “de destruir la iglesia” (Alma 36:6). Fue amonestado por un ángel hasta caer a tierra, no porque se lo mereciera, sino como respuesta a las oraciones de su padre y de otras personas (véase Mosíah 27:14) Alma percibió la agonía y la culpa, y dijo: “Y aconteció que mientras así me agobiaba este tormento, mientras me atribulaba el recuerdo de mis muchos pecados, he aquí, también me acordé de haber oído a mi padre profetizar al pueblo concerniente a la venida de un Jesucristo, un Hijo de Dios, para expiar los pecados del mundo. “Y al concentrarse mi mente en este pensamiento, clamé dentro de mi corazón: ¡Oh Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mí que estoy en la hiel de amargura, y ceñido con las eternas cadenas de la muerte! “Y he aquí que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sí, dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados. “Y ¡oh qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! Sí, mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo había sido mi dolor. “Sí, hijo mío, te digo que no podía haber cosa tan intensa ni tan amarga como mis dolores. Sí, hijo mío, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa tan intensa y dulce como lo fue mi gozo… “Sí, y desde ese día, aun hasta ahora, he trabajado sin cesar para traer almas al arrepentimiento; para traerlas a probar el sumo gozo que yo probé; para que también nazcan de Dios y sean llenas del Espíritu Santo” (Alma 36:17–21, 24). Alma le preguntó a Coriantón: “¿Supones tú que la misericordia puede robar a la justicia?” (Alma 42:25), y le explicó que, debido a la Expiación de Jesucristo, la ley eterna podría satisfacer a ambas. Inducido por el Espíritu Santo (véase D. y C. 121:43; véase también Alma 39:12), reprendió a Coriantón con dureza, y tras enseñarle con paciencia y claridad estos principios básicos del Evangelio, se manifestó una abundancia de amor.
Se enseñó al profeta José Smith mediante la revelación que “ningún poder o influencia se puede ni se debe mantener en virtud del sacerdocio, sino por persuasión, por longanimidad, benignidad, mansedumbre y por amor sincero; “por bondad y por conocimiento puro, lo cual ennoblecerá grandemente el alma sin hipocresía y sin malicia; “reprendiendo en el momento oportuno con severidad, cuando lo induzca el Espíritu Santo; y entonces demostrando mayor amor hacia el que has reprendido, no sea que te considere su enemigo; “para que sepa que tu fidelidad es más fuerte que los lazos de la muerte” (D. y C. 121:41–44). Alma dijo: “¡Oh hijo mío, quisiera que no negaras más la justicia de Dios! No trates de excusarte en lo más mínimo a causa de tus pecados, negando la justicia de Dios. Deja, más bien, que la justicia de Dios, y su misericordia y su longanimidad dominen por completo tu corazón; y permite que esto te humille hasta el polvo” (Alma 42:30). El abuelo de Coriantón, también de nombre Alma, era uno de los sacerdotes que había servido al inicuo rey Noé, pero se convirtió cuando oyó al profeta Abinadí testificar de Cristo. Condenado a muerte, huyó de la malvada corte para enseñar sobre Cristo. (Véase Mosíah 17:1–4). En cambio, Alma era ahora el padre que suplicaba a su hijo, Coriantón, que se arrepintiera. Tras reprenderle con firmeza y enseñarle pacientemente la doctrina del Evangelio, Alma, el padre amoroso, dijo: “Y ahora bien, hijo mío, quisiera que no dejaras que te perturbaran más estas cosas, y sólo deja que te preocupen tus pecados, con esa zozobra que te conducirá al arrepentimiento” (Alma 42:29). En su dolor y pena, Coriantón se “[humilló] hasta el polvo” (Alma 42:30).Alma, que era el padre deCoriantón y también su líder del sacerdocio, estaba satisfecho con el arrepentimiento de Coriantón. Retiró la terrible carga de culpa que llevaba su hijo y lo envió de nuevo al campo misional: “Y ahora bien, oh hijo mío, eres llamado por Dios para predicar la palabra a este pueblo. Ve… declara la palabra con verdad y con circunspección… Y Dios te conceda según mis palabras”(Alma 42:31). Coriantón se unió a sus hermanos, Helamán y Shiblón, y a los líderes del sacerdocio. Veinte años más tarde seguía trabajando fielmente en la obra en la tierra del norte. (Véase Alma 49:30; 63:10).
Es tan, tan inicuo este mundo en el que vivimos y en el que nuestros hijos deben encontrar su camino. Los problemas de la pornografía, la confusión sobre la identidad sexual, la inmoralidad, el abuso infantil, la drogadicción, etc., están por todas partes. No hay forma de librarse de su influencia.La curiosidad conduce a algunos a la tentación, luego a la experimentación y hay quienes caen en las garras de la adicción. Éstos pierden la esperanza. El adversario recoge su cosecha y los ata. Satanás es el embaucador, el destructor, pero su victoria sólo es temporal. Los ángeles del diablo convencen a algunos de que han nacido a una vida de la que no hay salida y se ven obligados a vivir en pecado. La más malvada de las mentiras es que no pueden cambiar ni arrepentirse, y que no serán perdonados. Esto no es verdad; se han olvidado de la Expiación de Cristo. “Porque he aquí, el Señor vuestro Redentor padeció la muerte en la carne; por tanto, sufrió el dolor de todos los hombres, a fin de que todo hombre pudiese arrepentirse y venir a él” (D. y C. 18:11). Cristo es el Creador, el Médico. Lo que Él creó, Él puede reparar. El Evangelio de Jesucristo es el Evangelio de arrepentimiento y perdón (véase 2 Nefi 1:13; 2 Nefi 9:45; Jacob 3:11; Alma 26:13–14; Moroni 7:17–19).“Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios” (D. y C.18:10).
El relato de este padre amoroso y un hijo desobediente, extraído del Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo, es un tipo, un modelo, un ejemplo. Cada uno de nosotros tiene un amoroso Padre Celestial. Mediante el plan redentor del Padre, aquellos que tropiezan y caen “no son… desechados para siempre” (Portada del Libro de Mormón). “¡Y cuán grande es su gozo por el alma que se arrepiente!” (D. y C. 18:13). “Yo, el Señor, no puedo considerar el pecado con el más mínimo grado de tolerancia. No obstante” (D. y C. 1:31–32), el Señor dijo: “quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más” (D. y C. 58:42). ¿Podría haber palabras más dulces, más consoladoras o más llenas de esperanza que las palabras de las Escrituras? “Yo, el Señor, no… recuerdo más [sus pecados]” (D. y C. 58:42) Ése es el testimonio del Libro de Mormón, y éste es mi testimonio a ustedes, en el nombre de Jesucristo. Amén. ■
Lección 28 Escuela Dominical
“La palabra está en Cristo para la salvación”
Alma exhorta a un grupo de zoramitas humildes a “[dar] lugar para que sea sembrada [esta] semilla” en su corazón (Alma 32:28). Les promete que si la nutren, crecerá hasta llegar a ser el árbol de la vida, cuyo fruto es “sumamente precioso” y “más dulce que todo lo dulce” (Alma 32:40–42).
El ÉLDER DONALD L . S TAHELI de los setenta en la conferencia de octube 2004 hablo sobre Alma Cap 32 el dijo: Creo que Alma debió haber estado pensando en nosotros cuando enseñaba a los zoramitas cómo obtener un testimonio de la verdad. “Mas he aquí, si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta experimentar con mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros, sí, hasta creer de tal modo que deis cabida a una porción de mis palabras” (Alma 32:27).
Alma continúa diciendo: “Compararemos, pues, la palabra a una semilla”. Y explica cómo, si abrimos el corazón, “empezará a hincharse en vuestro pecho”. (Alma 32:28). Después Alma nos revela el secreto para adquirir un testimonio fuerte. “Pero si cultiváis la palabra, sí, y nutrís el árbol mientras empiece a crecer, mediante vuestra fe, con gran diligencia y con paciencia, mirando hacia adelante a su fruto, echará raíz; y he aquí, será un árbol que brotará para vida eterna” (Alma 32:41). ¡Y entonces viene la promesa! “Entonces, hermanos míos, segaréis el galardón de vuestra fe, y vuestra diligencia, y paciencia, y longanimidad, esperando que el árbol os dé fruto” (Alma 32:43). Reflexionemos un momento, hermanos y hermanas, en lo que Alma nos enseña: Primero debemos tener un deseo sincero de creer. Frases como “despertar”, “avivar nuestras facultades”, “experimentar” y “ejercitar un poco de fe”, son palabras de acción que dan a entender un esfuerzo continuo de nuestra parte. Su descripción de la hinchazón en el pecho caracteriza el sentir la presencia del Espíritu Santo. Y como promete Moroni: “…por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5). A fin de que ese espíritu siga creciendo, Alma dice que debemos nutrirlo mediante la “fe, con gran diligencia y con paciencia”. Después promete que el galardón de la fe, la diligencia, la paciencia y la longanimidad traerá la vida eterna (Alma 32:41; véase también v. 43).
Así como Alma, los profetas de los últimos días han sido claros en sus enseñanzas en cuanto a las cosas que debemos hacer a fin de obtener y fortalecer nuestro testimonio. Se nos ha enviado aquí para que nos ocupemos de nuestra propia salvación por medio de las pruebas y los desafíos de la vida diaria. Eso no se puede lograr si dependemos demasiado de la luz prestada que proviene del testimonio de otra persona. A medida que recibamos inspiración al escuchar a profetas, líderes y miembros expresar su testimonio, esos sentimientos espirituales deberán aumentar aún más nuestro deseo de fortalecer nuestras propias convicciones. Quisiera decirles a todos ustedes, dondequiera que se encuentren, que nunca dejen de tener fe en el Señor. La respuesta a sus oraciones quizás no sea tan clara ni tan oportuna como ustedes quisieran, pero sigan orando. ¡El Señor les escucha! Al orar, pidan ayuda para comprender la inspiración del Espíritu Santo. Y después, hagan “lo mejor” para ser dignos de recibir esa inspiración. Al reconocer o sentir las impresiones y los susurros del Espíritu, entonces actúen de conformidad con ellos.
Las fervientes oraciones que ofrezcamos a diario en busca de perdón o de ayuda particular son esenciales para nuestra vida y para nutrir nuestro testimonio. Cuando ofrecemos oraciones de forma apresurada o repetitiva, o no les damos mucha importancia, o nos olvidamos de hacerlas, tendemos a perder la cercanía del Espíritu, la cual es esencial para la dirección constante que necesitamos para afrontar con éxito las pruebas de la vida cotidiana. La oración familiar por la mañana y por la noche brinda bendiciones y poder adicionales a nuestras oraciones personales y a nuestro testimonio. El estudiar, de forma sincera y personal, las Escrituras trae fe, esperanza y la solución para nuestros retos diarios. El leer, meditar y aplicar las lecciones de las Escrituras, junto con la oración, se convierte en un factor irremplazable para obtener y preservar un testimonio fuerte y vibrante. El presidente Spencer W. Kimball nos recordó la importancia de la lectura constante de las Escrituras cuando dijo: “He descubierto que cuando descuido mi relación con la Divinidad, cuando parece que ninguna voz divina me habla… si me sumerjo en las Escrituras, la distancia se acorta y la espiritualidad vuelve” (The Teachings of Spencer W. Kimball, editado por
Edward L. Kimball, 1982, pág. 135).
El Salvador enseñó: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39). Los fuertes y firmes testimonios que muchos de ustedes, los miembros maravillosos y fieles de la Iglesia poseen, han sido el producto del haber seguido el consejo de nuestros profetas y de las Escrituras y de haber orado al respecto. Esa misma preciada bendición está al alcance de cada uno de nosotros que la busque de corazón. A todos los que se preocupen en forma periódica de la fortaleza de su testimonio, tengan en cuenta que nuestro Padre Celestial les ama y vela por ustedes diariamente. Él les responderá a medida que ustedes se esfuercen por guardar Sus mandamientos y traten de alcanzar la mano amorosa que Él les tiende. Todos compartimos la misma promesa que el Señor dio al profeta José Smith: “Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá” (D. y C. 88:63). El llamado de nuestro profeta de hacer “lo mejor” nos insta a cada uno de nosotros, en forma individual y como familias, a examinar cuidadosamente nuestra vida y después a comprometernos a cambiar aquellas cosas que asegurarán más plenamente que nuestros testimonios sean firmes y seguros. El testimonio firme se convierte en la fuerza que nos impulsa a cada uno a hacer las cosas “mucho mejor”, y se torna en la impenetrable armadura protectora que nos guarda de las cosas implacables del mundo. Testifico que tenemos un amoroso Padre Celestial que se preocupa por nosotros y de que Él y Su Amado Hijo Jesucristo se apareciero al joven José para dar inicio a la restauración del Evangelio en esta última dispensación. Jesucristo está a la cabeza de esta Iglesia. El presidente Gordon B. Hinckley es Su profeta escogido. Qué tengamos la valentía y la convicción de seguir el consejo del profeta. Al hacerlo, nuestro testimonio personal estará seguro. Que así sea, ruego en el nombre de Jesucristo. Amén.■
Lección 27 Escuela Dominical
“Todas las cosas indican que hay un Dios”
Korihor alegaba que una persona que no hubiera visto a Dios no podía saber en cuanto a Su existencia. Pero así como contamos con los relatos de otras personas que nos sirven para saber de los lugares que no hemos visto, tenemos el testimonio de los profetas, las Escrituras y el don del Espíritu Santo para ayudarnos a saber que Dios sí existe y que Su Evangelio es verdadero. las enseñanzas de Korihor son comunes en el mundo de hoy. El entender la forma en que reaccionaron las personas a sus falsedades nos puede ser de ayuda cuando nos veamos ante similares filosofías y conceptos falsos.
El ÉLDER ROBERT R. STEUER de los setenta en la conferencia de abril 2008 enseño: Cuando era niño descubrí el poder sorprendente de una pequeña linterna. Al prenderla en la noche, dondequiera que la apuntara, veía un círculo grande iluminado. Mi entusiasmo era mayor cuando la prendía en el granero polvoriento; en el aire se proyectaba un cono de luz, pero hice el descubrimiento más interesante cuando la apreté contra la palma de mi mano. Toda mi mano brillaba en la oscuridad. ¡La luz estaba en mi interior! El observar las propiedades físicas de la luz es emocionante, pero el descubrir las cualidades de la luz espiritual y de la verdad es aún más impresionante y esencial.
Las ideas científicas recientes sobre las propiedades fundamentales de la luz en verdad son fascinantes. Hoy los científicos describen la luz como un “conector” o “mensajero” o “mediador”.
Aprendan la doctrina verdadera. Alma descubrió que “la predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo —sí, [tenía] un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa que les había acontecido— por tanto, Alma consideró prudente que pusieran a prueba la virtud de la palabra de Dios”. El presidente Henry B. Eyring dijo: “La palabra de Dios es la doctrina que enseñaron Jesucristo y Sus profetas. Alma sabía que las palabras de la doctrina tenían gran poder, que pueden abrir la mente de las personas para que vean las cosas espirituales, lo que no se ve con los ojos naturales. Y pueden abrir el corazón a los sentimientos del amor de Dios y del amor a la verdad”.
Obtengan un testimonio puro. Ese testimonio es la confirmación mediante el Espíritu Santo de que Dios es nuestro Padre y que Jesús es el Cristo. La luz y la verdad que vemos en todas las cosas nos insta a obtener un conocimiento por el estudio y por la fe, lo que precede a la confirmación del Espíritu. Aprendemos mucho sobre la obra de Dios y Su bondad mediante nuestros sentidos; pero se pone de manifiesto un testimonio más profundo al buscar la verdad en forma espiritual “con verdadera intención”. El presidente Spencer W. Kimball dijo: “Los tesoros del conocimiento, tanto secular como espiritual, están escondidos para quienes no los buscan en forma apropiada ni se esfuerzan por encontrarlos… El conocimiento espiritual no se logra sólo al pedirlo, incluso las oraciones no son suficientes; se requiere perseverar y dedicar la vida a ello”. Nuestro testimonio se fortalece al observar con reverencia el gran universo que Dios creó para nosotros. El Señor declaró a Enoc: “Se han creado y hecho todas las cosas para que den testimonio de mí”. Alma testificó en forma similar a Korihor, el anticristo: “Todas las cosas indican que hay un Dios, sí, aun la tierra y todo cuanto hay sobre ella, sí, y su movimiento, sí, y también todos los planetas que se mueven en su orden regular testifican que hay un Creador Supremo”.El élder M. Russell Ballard dijo: “La clara declaración de la verdad influye en las personas, eso es lo que cambia los corazones”.
Debemos vivir con valentía de acuerdo con la luz y el testimonio que hemos recibido. Se nos promete que: “El que recibe luz y persevera en Dios, recibe más luz, y esa luz se hace más y más resplandeciente hasta el día perfecto”. Vivir el Evangelio con valentía requiere esfuerzo y sacrificio■
Hoy en día prevalecen las filosofías de Korihor y las de los zoramitas. Desde el salón de clases hasta el lugar de trabajo, en los medios de difusión, en los libros y a veces en el hogar, hay personas que predican las falsas doctrinas de Korihor para “interrumpir [nuestro] gozo” (Alma 30:22). También, al igual que los zoramitas, hay muchas personas en la actualidad que ponen su corazón en “las vanidades del mundo” (Alma 31:27).
La oración de los zoramitas
Dios fue, es y siempre será un espíritu (Alma 31:15).
“No creemos en la tradición de nuestros hermanos” (Alma 31:16).
“No habrá Cristo” (Alma 31:16).
“Nos has elegido para que seamos salvos”, pero todos los demás serán
“arrojados… al infierno” (Alma 31:17).
Otras personas están encadenadas con “necias tradiciones” (Alma 31:17).
“Somos un pueblo electo y santo” (Alma 31:18).
La oración de Alma
“Dame fuerzas para sobrellevar mis flaquezas” (Alma 31:30).
“Consuela mi alma en Cristo” (Alma 31:31).
“Concédeme el éxito, así como a mis consiervos” (Alma 31:32).
“Conforta [las] almas [de mis consiervos] en Cristo” (Alma 31:32).
Ayúdanos a traer a los zoramitas a ti (Alma 31:34–35).
“[Las] almas [de los zoramitas] son preciosas” (Alma 31:35).
“Danos… poder y sabiduría” (Alma 31:35).
Lección 26 Escuela Dominical
“Convertidos al Señor”
La Hermana V I C K I F. MATSUMORI Segunda Consejera de la Presidencia General de la Primaria en la Conferencia General de Abril del 2007 nos Enseño sobre Conversion: Por ejemplo, en la canción acerca del ejército de Helamán se encuentra una gran lección. Nosotros cantamos: “Como el ejército de Helamán, debemos obedecer”. Muchos de nosotros también podemos cantar: “De buenos padres que aman a Dios nosotros como Nefi pudimos nacer”.
Mi mensaje de hoy es para ustedes, los miembros de primera generación que tal vez hayan nacido de buenos padres pero a quienes no se les enseñó el Evangelio en el hogar. En vez de ser como el ejército de Helamán, a quienes “sus madres les habían enseñado que… Dios los libraría” (Alma 56:47), ustedes quizás sean como los padres de ellos, los del pueblo de Ammón, que crecieron siendo incrédulos.
Tal vez sería útil repasar la historia del pueblo de Ammón: ellos eran lamanitas a quienes Ammón, Aarón y otros les enseñaron el Evangelio (véase Alma 23:1–4). Cuando aceptaron el Evangelio, esos lamanitas se pusieron el nombre de anti-nefilehitas, y más tarde se les llamó el pueblo de Ammón (véase Alma 23:16–17; 27:23–26). Los hijos de este pueblo de Ammón fueron el ejército de Helamán que ayudó a luchar contra los lamanitas que no se habían convertido (véase Alma 56:3–6).
De modo que la fortaleza del ejército de Helamán en realidad empezó con sus padres, que eran el pueblo de Ammón. Ellos fueron los que primeramente aprendieron el Evangelio de las Escrituras; fueron los que aprendieron acerca del poder de la oración y los que primeramente hicieron convenios con el Señor y los guardaron. Y de la misma forma que dio comienzo con ellos, da comienzo con ustedes; como miembros de primera generación, ustedes son los que empiezan el ciclo de enseñar y fortalecer a la próxima generación.
Por último, el hacer convenios y guardarlos también aumenta la fe. El pueblo de Ammón hizo convenio “de que antes que derramar la sangre de sus hermanos, ellos darían sus propias vidas” (Alma 24:18). Al ser bautizados hacemos convenio y tomamos sobre nosotros el nombre de Cristo. Al tomar la Santa Cena recordamos esos convenios, y cuando los guardamos podemos tener la compañía constante del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo, o sea, el Consolador, el que nos enseña “todas las cosas” (Juan 14:26).
Los del pueblo de Ammón vivieron el Evangelio y “eran firmes en la fe de Cristo, aun hasta el fin” (Alma 27:27). Comenzó con ellos y comienza con nosotros. Como miembros de primera generación que hemos adquirido un testimonio, ahora tenemos la responsabilidad de enseñar a los niños de hoy. Debemos enseñarles en casa y en las clases; debemos enseñarles la palabra de Dios de las Escrituras; debemos enseñarles el poder de la oración y debemos enseñarles las bendiciones que se reciben al hacer convenios y guardarlos. Y si les enseñamos, ellos podrán decir:
Como el ejército de Helamán,
debemos obedecer.
Seremos misioneros del Señor
llevando al mundo su verdad.
Lección 25 Escuela Dominical
“Enseñaban… con poder y autoridad de Dios”
ÉLDER CLATE W. MASK , H I J O
en la conferencia general abril del 2004 Dijo: Cuando los cuatro hijos de Mosíah enseñaron el Evangelio a los salvajes y feroces lamanitas, tuvo lugar en éstos un fuerte cambio de corazón: “…cuantos lamanitas creyeron en su predicación y fueron convertidos al Señor, nunca más se desviaron. “Porque se convirtieron en un pueblo justo; abandonaron las armas de su rebelión de modo que no pugnaron más en contra de Dios, ni tampoco en contra de ninguno de sus hermanos” (Alma 23:6–7). Actualmente, hay muchos de sus descendientes que leen estas cosas en su propio ejemplar del Libro de Mormón y deciden seguir a Cristo. Me gusta encontrarme con los descendientes de Lehi, vestidos de inmaculado blanco, en los muchos templos del Área de México Sur donde estoy prestando servicio. Siento lo que sintió el presidente Gordon B. Hinckley al dedicar el Templo de la Ciudad de Guatemala: “Bondadoso y misericordioso Padre, nuestros corazones están llenos de gratitud por haberte Tú acordado de los hijos y las hijas de Lehi, de las muchas generaciones de nuestros padres y madres que sufrieron tanto y anduvieron tan largo tiempo en la oscuridad. Tú has oído sus clamores y has visto sus lágrimas. Ahora se abrirán para ellos las puertas de la salvación y de la vida eterna” (Oración dedicatoria del Templo de la Ciudad de Guatemala, Guatemala, en “Their Cries Heard, Their Tears Seen”, Church News, 23 de diciembre de 1984, pág. 4).
He visto a humildes descendientes de Lehi bajar de las montañas para ir a ese templo y llorar abiertamente al contemplarlo maravillados. Una vez, uno de ellos me dio un abrazo y me pidió que llevara ese abrazo de amor, gratitud y hermandad a todos los amados misioneros que les habían llevado el Evangelio, y a todos los santos que por su fidelidad al diezmo habían puesto a su alcance las bendiciones del templo. Gracias a la expiación de Jesucristo, todos podemos presentarnos ante el Señor sin mancha, puros y blancos.
Misioneros transitan por un camino de Centroamérica, parte de un relato verídico que contó el élder Clate W. Mask Jr., de los Setenta.
Escuela Dominical Leccion 24
Después de la destrucción de Ammoníah Zoram, el capitán en Jefe del ejercito Nefita, preparo a su ejército para ir en contra del ejército de los Lamanitas y rescatar a aquellos que habían sido llevado s cautivos.
La primera cosa que Zoram hizo, no fue el afilar su espada, o asegurarse de la certeza de su ejército. Lo primero que realizo se registro en el capítulo 16 del libro de Alma “ Por tanto,… sabiendo Zoram y sus dos hijos que Alma era el sumo sacerdote de la iglesia, y habiendo oído que tenía el espíritu de profecía, se dirigieron a él y desearon saber de él a dónde quería el Señor que fueran en el desierto en busca de sus hermanos.” (Cursiva agregada)
Los líderes de la Iglesia siempre han hecho énfasis en escuchar y seguir el consejo de los profetas, especialmente del que preside en un momento dado.
En la pasada conferencia general el Élder Quentin L. Cook del Quórum de los Doce declaro “A veces los profetas nos enseñan prioridades proféticas que nos brindan protección ahora y en el futuro. Por ejemplo, el presidente David O. McKay fue el profeta desde 1951 hasta 1970; un aspecto en el que hizo mucho hincapié fue en la familia. Enseñó que “ningún éxito en la vida puede compensar el fracaso en el hogar”. Él animó a los miembros a fortalecer a la familia incrementando la observancia religiosa; sus enseñanzas fueron una protección contra la desintegración de la institución del matrimonio que ocurrió después que él falleció. Debido a la instrucción del presidente McKay, los Santos de los Últimos Días fortalecieron su dedicación a la familia y al matrimonio eterno.
Como poseedores del sacerdocio de la Iglesia, tenemos la solemne
responsabilidad de seguir a nuestro profeta.”
En 1995 durante la Asamblea Solemne donde fue sostenido el Presidente Hinckley, el Elder Robert D. Hales declaro
“Si escucháramos a los profetas de hoy, la pobreza seria reemplazada por el cuidado amoroso del pobre y del necesitado; si se obedecieran la Palabra de Sabiduría y la ley de la pureza sexual, se evitarían grandes y serios problemas de salud; el pago del diezmo nos bendeciría y tendríamos lo suficiente para cubrir nuestros gastos; si siguiéramos el consejo de los profetas, tendríamos una vida terrenal libre de innecesario dolor y de autodestrucción. Esto no quiere decir que no tendríamos problemas, porque igual los tendremos; no quiere decir que no seremos probados, porque lo seremos, pues eso es parte del propósito de esta vida. Pero si escuchamos el consejo de nuestro Profeta, tendremos mas fortaleza y podremos sobrellevar las pruebas de esta etapa mortal; tendremos, además, esperanza y gozo. Todas las palabras de consejo de los profetas de todas las generaciones se nos han dado para fortalecernos y ponernos en condiciones de fortalecer a los demás.”
Material de lectura:
Escuchemos la voz de los Profetas.
Por el Presidente Dieter F. Uchtdorf.
Segundo Consejero en la Primera Presidencia.
Liahona Julio del 2008
publicado por Infosud-Team el 20 June, 2008
Qué aprendiste en la Escuela Dominical?
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1.
Lita Ramirez Cano | Noviembre 12, 2008 at 11:57 am
Hola,agradezco la oportunidad que nos dan de comentar de las clases de escuela dominical,acabo de cumplir en Octubre pasado 10 años de miembro de la iglesia y me siento muy satisfecha por toda lo que me edifican estas clases,felicitaciones por esta pagina. hna Lita. STK San Felipe Lima – Perú
2.
guillermo | Enero 24, 2009 at 7:21 pm
sería posible incluir los temas para las clases de escuela dominical del año 2009.ahora estoy en el trabajo y no tengo conmigo el tema para este domingo.
3.
jerson leon | Marzo 4, 2009 at 11:18 am
ola me llamo jerson soy mienbro de la iglesia de los santos de los ultimos dias ay leydo la historia esta bello quisiera encontrar mas de ay que mucho me gusta las historias da la igesia ya tengo ganas de ir a la mision xq quisiera enseñarles a hermanos o hermanos bueno xd
4.
noe saucedo | Marzo 22, 2009 at 7:42 pm
es exelente esta pagina, se aprende mucho.
5.
Miguel | Junio 17, 2009 at 11:29 am
Me a paracido una excelente pagina y gran trabajo de ud para realizarla y dar su tiempo para nosotros le felicito y veo que ud aplica lo enseñado es un excelente proyecto que siga creciendo y si aprendi mucho con este blog
6.
daviti | Junio 17, 2009 at 2:40 pm
Gracias: Si usted tiene el mismo deseo puede escribir Post en este blog y asi aumentar de exposiciones edificantes, por falta de tiempo no lo actualizo tanto al blog pero el poquito tiempo que me queda lo utilizo para el blog.
David
7.
adriana Saldivar | Junio 21, 2009 at 8:21 pm
hola, me encanta la ayuda q nos brindan pero donde estan los temas del 2009 donde los encuentro ? gracias x la ayuda la proxima leecio es # 23 Buscad conocimiento tanto por el estudio como por la fe “
8.
Jaime Diez | Julio 7, 2009 at 12:20 pm
Hola un favor hace unos años la primera presidencia dijo que en la escuela domical solo se debe enseñar el manual del año los domingos y tambien se anulo la separacion de clases tiene alguien ese instructivo